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Náufragos en la literatura

Náufragos en la literatura

Hace unos años, mientras apuntábamos al muro, le pregunté a mi amigo Anselmo qué se llevaría a una isla desierta. Éste, al escucharme, detuvo la meada y mirándome muy serio dijo que en habiendo piedras, papel del culo ni de coña. Claro, los dos nos reímos y después seguimos con nuestra meada y nuestras cosas. Aún hoy tengo que contenerme para no reír con la respuesta de Anselmo, porque la verdadera originalidad de ese día se debió a una respuesta creativa y alejada de los tópicos, cosa que no fue mi pregunta. Y ahora lanzo otra: ¿Por qué esa cuestión, la que hizo que Anselmo detuviera el chorro y lanzara su originalidad, la hemos sufrido tantas veces? ¿Qué nos llevaríamos a una isla desierta?

Ahora, al escribirla, me parece una sandez de pregunta, una de esas preguntas que parece querer encontrar una verdad absoluta, demoledora sobre nuestras preferencias y gustos. Pero, claro, por otra parte pienso que es normal, que a todos nos gusta un poco eso, saber de preferencias y de gustos, y que también, el tema del náufrago es algo que nos ha acompañado a los mortales desde los albores de la literatura. Ya en la Odisea de Homero encontramos la figura del náufrago encarnada por el menesteroso Ulises. Si bien, como digo, ha sido un tema cultivado a lo largo de la historia de la literatura universal, hay que indicar que la figura del náufrago no siempre ha tenido las mismas connotaciones. En la presente entrada intentaré recopilar datos, hablar de las diferentes manifestaciones en las que el náufrago ha hecho acto de presencia. Así que nos ponemos el chaleco, cogemos el bote y pelillos a la mar.

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El naufragio, desde que hiciera aparición en la edad clásica hasta principios del siglo XVIII, estuvo dotado por una serie de connotaciones negativas. Podemos partir con la idea de que el lugar apropiado para el hombre siempre ha sido la tierra, algo así como nuestro hábitat natural. El acto de navegar, por lo tanto, supone la violación de un límite impuesto por la naturaleza. Esta idea está presente en los postulados filosóficos de Hans Blumenberg. En su ensayo Naufragio como espectador, Blumenberg dice que puesto que el mar es una frontera natural, el riesgo de naufragar se presenta como un elemento normal. Junto a esta idea, encontramos otra que va a incidir en la propia ambición del hombre: la conquista del mar que supone aumentar el poder militar y comercial más allá de los límites de un país. Navegación, por ende, se convirtió en un índice de valor dónde determinar el poder y la riqueza de una nación.

En este contexto el naufragio se concibe como el castigo ideal para la arrogancia y la codicia de los hombres. El castigo proviene de entidades superiores, que dependerá de según cuál sea la religión. La naturaleza representa el papel de divinidad, juez que infringirá los castigos. Este tipo de reflexiones tuvieron su auge en la edad Media cuando la literatura estaba cargada de un fuerte didactismo religioso. Tras el naufragio, es corriente encontrar al náufrago arrepintiéndose y pidiendo perdón a Dios. Un ejemplo lo podemos encontrar en la obra Milagros de nuestra señora de Gonzalo de Berceo, concretamente con el relato del Náufrago salvado. También en el Renacimiento Italiano, a manos de Bocaccio en su Decamerón, se nos narra la aventura del mercader Landolfo Rúfolo, quien para aumentar sus ganancias se dedicaba a la piratería, causa que provocaría el naufragio y por consiguiente, la pérdida de todos sus bienes. Tengamos en cuenta que la finalidad de estas obras radicaba en mostrar modelos ejemplares de vidas caracterizadas por la devoción y la templanza.

libreriaweb-robinson-crusoe-daniel-defoe-13592-MLA2947165394_072012-FLa posterior literatura de aventuras mantendrá esta caracterización del náufrago como castigo. La soberbia humana se concreta en el uso de la tecnología para emprender viajes extraordinarios, enfrentándose con los elementos naturales. Buscaban representar la derrota de la ciencia y la tecnología frente al elemento natural. Un ejemplo lo encontramos en la novela Furility de Morgan Robertson. En dicha obra se cuenta como un trasatlántico choca contra un iceberg, algo que sin duda nos recuerda al hundimiento del Titanic. El trasatlántico representa el avance tecnológico del hombre en cuestiones de navegación, un avance que poco tiene que hacer a la hora de vérselas con la naturaleza.

Tampoco podemos olvidar un elemento importante de todo naufragio. Me refiero al elemento de la isla. La isla suele representarse como un lugar desolado donde la supervivencia es toda una hazaña. Daniel Defoe, en Robinson Crusoe, y a partir de aquí en la mayoría de las obras, una de las necesidades básicas al llegar a la isla es la búsqueda de agua y alimento. Vemos al hombre reencontrado con sus instintos más primarios donde la civilización poco puede ofrecerle para subsistir. Asistimos al encuentro del hombre con su yo primitivo, algo que puede llevarnos a ciertos extremos como apreciamos en el Señor de las moscas, una novela bastante posterior a la de Defoe. En cualquier caso, en la mayoría de las obras, la isla es el mayor símbolo de aislamiento y se presenta como un micromundo alejado del común y a menudo regido por sus propias leyes.

No podemos olvidar también que muchas veces la llegada a la isla no se produce. Nos enfrentamos entonces a un náufrago a la deriva. Navegar a la deriva nos va a adentrar en lo irracional del subconsciente. Allí, el hombre tendrá dos feroces enemigos: la sed y el hambre. Muchas veces estas necesidades no podrán ser saciadas y al náufrago no le quedará otra que acudir a los recuerdos y al subconsciente a través de fuertes alucinaciones.

Ahora bien, si empezábamos hablando de las connotaciones negativas del naufragio, hay que pasarse a la otra perspectiva, lo positivo que hay en el tema. Para ello fue necesario que llegara el siglo XVIII con la Ilustración y hágase la luz. En la ilustración el conocimiento era considerado el arma del arte, entramos en una época donde conocer imperaba en cualquier actividad de una nación, o al menos eso nos han hecho creer. El riesgo que conlleva el viaje por mar comienza a considerarse como un precio a pagar, si es que se quiere desarrollar el conocimiento del mundo. Asistimos a la época de las grandes expediciones científicas para estudiar las naturalezas remotas. El naufragio puede ayudar al hombre a insertarse en la naturaleza, conocerla y convivir con ella. Del mismo modo, la isla, en vez de presentarse como un lugar desolado, comienza a adquirir los matices de un lugar idílico, lejano de la corrupción y del caos del mundo civilizado.

El Romanticismo también recuperará esta imagen paradisíaca de la isla. A partir de aquí se descubre la oportunidad de conseguir la muerte deseada ofrecida por el desastre marítimo. Siempre con la premisa de que el agua, según tradiciones antiguas, es tanto origen de la vida como elemento destructor y causa de la muerte. La muerte por agua, por lo tanto, puede ser interpretada como un símbolo de regreso al estado prenatal, ya que el paralelismo establece parecidos entre el agua y el líquido amniótico.

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Está claro que hemos mostrado una mínima porción sobre un tema que ha estado presente en la literatura desde los albores de las letras. Si bien, se ha seguido cultivando en la contemporaneidad adaptándose a sus tiempos incluso a los avances tecnológicos, ya que hoy en día, al enfrentarnos a un naufragio, raramente el protagonista se desplaza en barco, sí lo hace en avión, incluso en naves espaciales donde el universo es representado como un ancho mar donde el náufrago vaga sin destino. También es un tema que se ha extendido de la literatura y la pintura hacia otras artes como el cine y por supuesto las series de televisión con la tan querida como odiada Perdidos. Ahora cabría pensar desde qué perspectiva somos capaces de mirar nosotros mismos el naufragio y plantearnos ¿Qué diablos llevaríamos a una isla desierta?

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Antonio Pérez Abril

Técnico de laboratorio y filólogo hispánico. Lector la mayoría de veces, aprendiz de escritor las otras. Creo que la cultura debe permanecer en constante movimiento. Por ese motivo participo en esta página, un lugar donde compartir conocimiento y aprender está al alcance de todos. Salud.

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