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El Blog de Porloscodos

Aquí encontraras todas las entradas de Porslocodos.com presentadas en formato blog.

Posverdad y lenguaje en la comunicación y las redes sociales

Posted by on 20 Mar , 2017 in La comunicación comercial e institucional, La comunicación en los medios | 0 comments

Posverdad y lenguaje en la comunicación y las redes sociales

Posverdad y lenguaje es un análisis desde el punto de vista lingüístico y comunicativo de un fenómeno tan antiguo como efectivo, pero que en nuestros días han dado en llamar posverdad. Nos referimos a la manipulación de la información/sociedad.

En efecto, en no pocas ocasiones hemos escuchado aquello de que la información es poder y, sí, así es. Un poder muy efectivo que todos quieren dominar o controlar. Puesto que a través de los medios de comunicación se emiten y expanden las corrientes de opinión que pueden ensalzar o tumbar a cualquier ente físico o jurídico, dígase desde un gobierno o empresa a un deportista o famoso de turno. Dicho de otro modo, cualquier grupo que pretenda influir en la sociedad ha de saber manejar los canales de información disponibles para difundir su mensaje y, a su vez, defenderse de los contrarios.

Los seres humanos somos gregarios por naturaleza. De este modo, tendemos a asociarnos en grupos, lo que nos lleva a sentirnos identificados con tales o cuales corrientes de pensamiento, intereses o lo que fuere -política, cultura, deporte, ocio, etc-, y, créeme, todos estamos dentro de la sociedad, en consecuencia, nadie es ajeno a esto.

Así, si entendemos la sociedad desde una perspectiva polisistémica, esto es, la teoría de Even-Zohar que propugna que los modelos de comunicación humana están regidos por una serie de elementos dispares que conforman un todo, pero en el que cada una de sus partes está en conflicto con las otras por ocupar el centro. En otras palabras, la sociedad está compuesta por diversos grupos de interés -político, económico, cultural…- que se enfrentan entre ellos por ostentar el poder o la hegemonía.

Las redes sociales son un factor expansivo de la posverdad.

Las redes sociales son un factor expansivo de la posverdad.

En este contexto de enfrentamiento por el poder es donde entra en juego el control de los mensajes que se emiten a la sociedad. Porque al igual que somos gregarios, también somos influenciables. Por tanto, los unos y los otros contienden por atraer a su ideario al mayor número de personas posibles.

La irrupción de las redes sociales, ha permitido que exista un canal instantáneo de comunicación. Cualquier emisor es capaz de transmitir un mensaje que puede ser recibido al momento por miles de personas, y estos a su vez interactuar o retransmitir dicho mensaje.

Dicha prodigalidad ha dado lugar a fenómenos como la infoxicación, es decir, la saturación por exceso de información, o el que estamos tratando aquí, la posverdad. El exceso de información nos limita la reflexión. Ante tanta información buscamos lo breve, el tuit. 

La posverdad implica eso, una simplificación del mensaje. Una reducción que apela más a lo emocional que a lo racional. Lo importante no es el mensaje en sí, sino tu adscripción emocional al grupo. Un maniqueísmo manifiesto, los míos son los buenos, los otros son los malos. Todos buscamos sentirnos bien, creernos mejores, así que si estos me dicen que nosotros somos los mejores, solo puedo colegir que es lo correcto, lo verdadero. Lo demás no importa. Me siento bien porque pienso lo correcto, lo bueno, estoy con los mejores. Los otros están equivocados, son los malos, el enemigo. Así, dicho con posverdad y lenguaje:
La principal de las funciones del lenguaje es la de la comunicación, el lenguaje nos sirve para comunicarnos. (Jakobson)

 

Entre las propiedades del lenguaje está la prevaricación, esto es, el lenguaje nos permite emitir mensajes falsos, mentir. (Hockett)

 

El lenguaje se materializa en el signo lingüístico: fonemas, morfemas, palabras, proposiciones, oraciones, textos, discursos… (Coseriu)

 

El signo lingüístico es de carácter simbólico, así como también arbitrario. Es decir, no existe nada en la palabra “gato” que señale a su referente en la realidad (el animal) ni tampoco hay ningún motivo para que con dicha palabra designemos a ese animal, podría haber sido, qué sé yo, “fufi”. (Saussure)

 

Como el lenguaje es simbólico, a través del lenguaje explicamos la realidad de forma simbólica. Esto es, a través del lenguaje no somos capaces de expresar ni abarcar ni conocer toda la realidad. (Popper/Wittgenstein)

 

Si no somos capaces de conocer con exactitud la realidad, lo importante es la percepción. (Kant)

 

En consecuencia, cualquier realidad se puede condicionar a través de la percepción que se reciba de esta. Así, todo es relativo.

 

Es por ello que no importa que un hecho sea cierto o falso, lo fundamental es que tú pienses que puede ser de una u otra manera.

 

Para ello, la simplificación del mensaje adquiere un especial relieve.

 

De ahí el abundante recurso al eslogan, a la sentencia, al mensaje copulativo, a la tautología.
Cualquier definición es una regla sígnica donde A = B, así gato = mamífero carnívoro de la familia de los félidos… (RAE)

 

Cualquier definición es una simplificación de la realidad. Cualquier gato es un gato, siendo todos y cada uno de ellos distinto pero todos son un gato.

 

De este modo, se trata de crear reglas sígnicas: todos los del Partido Gatuno son unos corruptos, de donde Partido Gatuno = corruptos; los de la Coalición Gatomaquía son unos radicales, de donde Coalición Gatomaquía = radical, así todos serán corruptos o radicales según el caso.

 

La tautología es incondicionalmente verdadera, por ejemplo: María es como es. Lo que realmente no expresa nada. ¿Cómo es María? Como es. Es un mensaje vacío.

 

Igual sucede con el eslogan o la sentencia, mensajes cortos que sirven para una cosa y para la contraria: ¡El futuro es de los gatos! Pero también se podría decir: ¡El futuro es de los perros! En ambos casos no estamos diciendo nada. Son mensajes vacíos.

 

Los mensajes vacíos han de ser completados por el receptor. Así, cada uno interpretará lo que su sentir y experiencia le indique. Este es el fin último de la posverdad, omitir cualquier referencia a la racionalidad, a la reflexión. Se trata de apelar al sentimiento, a lo más instintivo de nuestro cerebro: bueno/malo, amigo/enemigo, a favor/en contra.

 

Conocer los mecanismos del lenguaje y la comunicación nos permiten discernir con mayor capacidad la intencionalidad última de quien emite el mensaje. Después, ya está en la voluntad de cada uno adherirse o no a lo dicho.

 

Posverdad y lenguaje ni es verdad ni es lenguaje.
Posverdad y lenguaje es lo que es.
Posverdad y lenguaje es el futuro de la comunicación.   

 

Tal vez unos sean más virtusosos que otros. Pero que no te engañen, tú no les interesas. Todos quieren lo mismo, el poder.

 

Bibliografía:

Byung-Chul, Han (2014): En el enjambre. Editorial Herder. Barcelona.

Byung-Chul, Han (2015): Psicopolítica. Editorial Herder. Barcelona.

Popper, Karl (2007): Conocimiento objetivo. Editorial Tecnos. Madrid

Wittgenstein, Ludwig (2016): Tractatus lógico-philosophicus. Alianza Editorial. Madrid.
 

 

Morfología de los verbos regulares en español

Posted by on 9 Mar , 2017 in Morfología | 0 comments

Morfología de los verbos regulares en español

En la morfología de los verbos regulares en español encontramos dos elementos constitutivos. Por un lado, tenemos la raíz o base léxica, esto es, la parte que expresa su significado; y por otro lado, está la desinencia, que es el conjunto de morfemas flexivos que van a establecer la concordancia de número y persona con el sujeto gramatical y además indicar las nociones de tiempo, aspecto y modo.

Como bien sabemos todos, en español existen tres conjugaciones formadas por los verbos en -ar, en -er, y en -ir. De esta forma, si queremos diferenciar la raíz y la desinencia en cualquier forma verbal (conjugada o no personal), la mejor manera para hacerlo es acudir en primer lugar a la forma no personal en infinitivo para determinar cuál es la raíz.

Así, si tomamos como ejemplos los verbos amar, comer y vivir —que hermosura de verbos—, tan solo tenemos que separar la forma en -ar, -er o -ir para obtener la raíz de estos:

 

 

 

Lo que nos servirá para cualquier otro verbo:

 

Una vez sabido esto tan simple, ya somos capaces de diferenciar la raíz y la desinencia de cualquier forma verbal que sea regular:

 

 

 

Ahora bien, la desinencia está compuesta por tres tipos de morfemas flexivos. Nos referimos a la Vocal Temática (VT), el Tiempo y Modo (TM) y la Persona y Número (PN); los cuales pueden estar o no presentes en la desinencia. Es decir, pueden darse los tres morfemas, solo dos, o como mínimo uno solo en la desinencia verbal. A nivel de análisis morfológico es preciso señalar los tres, en consecuencia, cuando alguno no aparezca su valor lo consideraremos nulo (∅). Veamos cada uno de ellos.

La vocal temática (VT) no aporta ningún significado pero está presente en la mayor parte de las formas verbales; si bien, puede no aparecer, esto es, ser nulo su valor.
Si la VT está presente va a encabezar siempre la desinencia. Por tanto, es el primer valor que hemos de señalar entre los morfemas verbales. Ya solo nos falta saber distinguirla. Nada más fácil porque ya nos la sabemos todos. En efecto, la vocal temática corresponde con la vocal que marca cada una de las tres conjugaciones verbales que conocemos a la perfección, es decir, -ar, -er- e -ir, de donde -a es la VT de -ar; -e es la VT de -er; e -i es la VT de -ir.    
Si seguimos con los ejemplos de antes:

A la unión de la raíz y la vocal temática (VT) se la denomina Tema verbal. Como veremos más adelante, el tema verbal sufre variaciones en función del tiempo verbal, pero antes de explicar dicho tenor vamos al siguiente morfema que opera en la desinencia verbal.

El Tiempo y Modo (TM): es el segundo morfema que hemos de señalar dentro de la desinencia verbal. Su valor también puede ser nulo. Dentro del segmento del tiempo está implícita la noción del Aspecto. En lengua española las únicas palabras que poseen flexión de tiempo, aspecto y modo son los verbos; y responden a las siguientes nociones:

Finalmente, el último morfema que vamos a buscar y señalar dentro de la desinencia corresponde a la Persona y al Número (PN): que reproduce en el verbo los rasgos de persona y número del sujeto, de ahí que cuando en el análisis sintáctico queramos encontrar el sujeto de una oración, la forma más efectiva de hacerlo es comprobar la concordancia del posible candidato a sujeto con el verbo. 

De este modo, cuando conjugamos un verbo hemos de indicar todos los rasgos que los distinguen de los demás. Por ejemplo, de “amábamos” podemos señalar que es la 1ª (persona) del plural (número) del pretérito (tiempo) imperfecto (aspecto) de indicativo (modo) del verbo amar. Como vemos, hemos enunciado la PN (1ª del plural), el TM (pretérito imperfecto de indicativo) y la VT (am-a-r).

Si recapitulamos, podemos reducir lo visto hasta ahora en una simple fórmula morfológica:

Verbo= raíz+desinencia (VT+TM+PN)

Con este patrón vamos a realizar el análisis morfológico de cualquier verbo. Vamos a explicarlo con ejemplos y así, desde la práctica, observamos las variantes que se dan en los morfemas que hemos visto.

Voy a hacer unas tablas —que te pasas— para que quede más claro.

Si quieres comprobar que lo has entendido y lo sabes hacer a la perfección (seguro que sí), te animo a que realices un pequeño ejericicio:

Haz el análisis morfológico de los verbos amar, comer y vivir para los tiempos de pretérito perfecto simple y el futuro imperfecto.

Pincha aquí para ver la solución.

Espero haberte ayudado a enteder la morfología de los verbos regulares en español

 

Bibliografía:

RAE/ASELE (2010): Manual de la Nueva gramática de la lengua española. Editorial Espasa. Madrid.

 

Por qué me gusta leer y te aconsejo que tú también lo hagas

Posted by on 3 Mar , 2017 in Lecturas | 0 comments

Por qué me gusta leer y te aconsejo que tú también lo hagas

Hoy me he planteado por qué me gusta leer y por qué te aconsejaría que tú también lo hagas. Cada cierto tiempo se puede leer en la prensa o ver y escuchar en las noticias radiotelevisadas alguna información relativa a los hábitos de lectura, que, por lo general, suele venir acompañada  de las cifras de negocio del mercado editorial. Cifras que se reducen a cuántos libros se venden al año y a cuántos libros por habitante salimos. Ni que decir tiene que las estadísticas tienden a arrojar unos números que podríamos calificar de poco alentadores. Máxime cuando los números son puestos en comparación con países campeones de la lectura como Islandia o Finlandia.

Igualmente, cada cierto tiempo se realizan campañas para el fomento de la lectura. Que la verdad, desconozco sus resultados, pero espero que sirvan para algo. También, a través de la educación se incluyen planes lectores en los ya de por sí abrumados currículos educativos. Y, asimismo, mil blablablás que se resumen en un vamos, que no lee ni el Tato, que dicen por ahí. Pero, claro, los que como a mí nos gusta leer, hablar y escribir hasta por los codos no somos dados al desaliento y no podemos hacer otra cosa que hacer apología de la lectura.

De este modo, estuve pensando en que si tengo que recomendar o incitar a alguien que no lee a que lo haga qué argumentos podría darle para que se lea, qué sé yo, Silvye de Gerard de Nerval, por poner un ejemplo. En consecuencia, la primera cuestión

¡Regala libros a los niños!

¡Regala libros a los niños!

que se me ha planteado es: ¿por qué me gusta leer? A estas alturas podría responder por vicio… Uno entre tantos. Aunque, quizá, mole más decir eso de que leer es amar, o que los que leen viven más (ejem, sobre todo si se cuecen a copas los fines de semana), o tienen más empatía (como Borges o Camilo José Cela, entre otros), o que si lees vas a ser más interesante y ligar más (de esto mejor no comento o vais a pensar mal de mí), y demás cosas por el estilo que estoy seguro habéis leído en Facebook o Twitter.

Leer, ante todo, es un acto egoísta. Sí, si exceptuamos los tiempos de la Época Clásica hasta bien entrada la Edad Media en que la lectura era áulica y, por tanto, un acto social -basta recordar al célebre aedo Homero o a nuestro don Juan Manuel y sus “fize que me leyeran”-, desde prácticamente el Renacimiento hasta hoy, salvo pequeñas excepciones como alguna lectura pública o un recital poético,

leemos en soledad, incluso cuando estamos acompañados en la lectura por alguien. Vale, a veces te interrumpes y tal, pero cada cual está en su libro. De esta forma, si te sumerges en la lectura, solo existís el libro y tú, tú y el libro. Ahí empieza la magia. 

En efecto, la lectura invita al ensimismamiento, que como la propia palabra refleja se trata de sí (uno) mismo. Esto es, cuando lees las palabras te van envolviendo en la historia, en las sensaciones de unos personajes que vas conociendo conforme avanza la trama o la acción en la que se desenvuelven. Si la historia te atrapa ya no puedes parar, vas a querer leer más, saber más de ellos, sobre ellos, por qué les sucede esto, por qué actúan así o qué puede deparar la acción.

Es más, la mayoría de las veces, en un momento dado, te vas a sentir identificado con tal o cual personaje, o con aquello que le ha sucedido o lo que experimenta, piensa o siente. Sea lo que sea, se trata de ti, de tu ser buscando algún reflejo en el espejo de la literatura. Porque la literatura no es más que vida contada. Sí, ya sabemos que todo es ficción, o más aún, mentira, pero por eso no deja de ser verdad. La verdad de lo que te hace sentir, emocionarte, reír, llorar, excitarte (que también), o lo que sea que te sugiera. Ya que ahí estás tú, leyendo lo que les pasa a otros, sintiéndote uno más con lo que sucede en tu vida, y este personaje se comporta igual que tu amigo Pedro, aquella como María, este piensa igual que tú, y  -joder-, al final, todo se acaba, lo bueno y lo malo, y todo sigue y todo se pasa, como en las novelas, como en la vida.

 

Por qué me gusta leer

Cualquier momento es bueno para leer.

Así que leer supone un egoísmo un tanto extraño, porque estás solo pero al mismo tiempo acompañado por palabras que te cuentan cosas sobre otros, sobre ti, tu familia, tus amigos, y, claro, aunque seas tan torpe como yo, acabas por aprender, por darte cuenta de lo que pueden llegar a sentir los demás, o mejor aún, de lo que sientes o piensas tú -que a veces nos cuesta más si cabe-, y, quizá, eso te lleve a entenderte mejor, a perdonar tus errores y los de los demás, a querer más a tu gente, o no, quién sabe. Leer no te garantiza que vayas a ser mejor persona, ni que vayas a vivir más años, ni que ligues más -esto segurísimo-, pero si que te puedas llegar a plantear muchas cuestiones.

Decía un amigo que en su día me recomendó algún que otro libro como El evangelio según Jesucristo de Saramago que el conocimiento era inversamente proporcional a la felicidad. Es una aseveración un tanto pesimista, pero que tiene su parte de verdad. Cuanto más consciente se es y más conocimiento se tiene más trágica se puede volver la vida, a menos que entiendas que casi todo se reduce a una cuestión de actitud, y si hay que elegir, mejor hacerlo desde el optimismo. De este modo, cuanto más entiendas y conozcas más libre puedes ser, y créeme, eso es lo más preciado que uno puede tener en vida.

Toda esta digresión viene a cuento de que leer puede llevar a una suerte de aislamiento. Como hemos visto, la mayoría de la gente no lee de forma habitual, en consecuencia, si tú lo haces con asiduidad, puedes llegar a experimentar que eres un bicho raro -y, sí, lo eres-, sentir que tu mundo se ensancha y que, tal vez, el ambiente que te rodea no te acompaña. No es así, si lees más aún, llegarás a entenderlo.

Volvemos a la libertad, leer es un acto libre, se lee por placer y entretenimiento, por tanto, desconfía de aquellos que dicen que hace falta leer más y ver menos fútbol o cosas por el estilo. Quien afirma eso seguro que lee poco o nada, puesto que acaso son incompatibles ambas aficiones, o cualesquiera otras. Todo lo demás es el vanitas vanitatum que decía el Eclesiastés. No, no vas a ser mejor que los otros por leer, tampoco peor. Solo uno más, porque a eso te lleva la lectura, a entender, a comprender lo efímero, lo trágico y hermoso de la vida. He ahí por qué me gusta leer y te aconsejo que tú también lo hagas.
 

El origen de las palabras en español: patrimoniales, cultismos, prestamos, formación de palabras.

Posted by on 24 Feb , 2017 in Morfología | 0 comments

El origen de las palabras en español: patrimoniales, cultismos, prestamos, formación de palabras.

Indagar en el origen de las palabras en español es introducirse en el apasionante mundo de la historia de nuestra lengua. Existen diversas obras que abordan esta cuestión desde perspectivas tales como la etimología, es el caso del enciclopédico Diccionario crítico etimológico de la lengua castellana del barcelonés Joan Corominas; o desde la investigación histórica y filológica, que cuenta entre sus obras más conocidas con la Historia de la lengua española de Rafael Lapesa, El español a través de los tiempos de Cano Aguilar, o la obra cumbre de don Ramón Menéndez Pidal, esto es, Orígenes del español, las cuales profundizan en la evolución lingüística de la lengua española a través de los avatares del tiempo.

Como todos sabemos el principal origen de las palabras en español es el latín vulgar, es decir, el latín que hablaba el pueblo —de ahí que un diccionario de latín clásico no nos sirva para encontrar la etimología de una palabra en español, aunque quizá sí intuirlo—.  De este modo, tras la caída del Imperio romano con la consiguiente perdida de su poder e influencia sobre los otrora pueblos dominados, entre los que se encontraba Hispania, la unidad lingüística del latín fue declinando en favor del surgimiento de nuevas lenguas; así, el habla del pueblo —el rusticus sermo— fue evolucionando y distanciándose del latín clásico hasta conformar lo que hoy denominamos lenguas romances, esto es, las que provienen del latín, entre las que, claro está, se encuentra el español.

Pero el objeto de esta entrada no es profundizar en el análisis de la evolución filológica de las palabras en español (quizá en otra ocasión), sino establecer un esquema que nos permita distinguir las diferentes formas que componen el origen de las palabras en español para su posterior uso en un análisis morfológico. En efecto, si nos proponemos realizar el análisis morfológico de un texto, lo primero que hemos de hacer es determinar a qué clase de palabras pertenecen. Dicho de otro modo, tendremos que averiguar si se trata de palabras patrimoniales, semicultismos, cultismos, préstamos o palabras que han pasado por lo que podríamos denominar la máquina de hacer palabras, esto es, la formación de palabras. Vamos a ver qué es cada uno de estos conceptos:
Las palabras patrimoniales o populares son aquellas que están en nuestra lengua desde el origen, es decir, las que heredadas del latín vulgar han ido evolucionando fonéticamente desde el étimo latino hasta completar el proceso que deriva en la palabra actual en español. Por ejemplo, de la palabra latina sŏmniu obtenemos sueño (Yod 2ª) o de la palabra latina lacte evolucionó a leite y posteriormente a la actual leche (Yod 4ª).

Los semicultismos son aquellas palabras que también procedente del latín vulgar, pero no han completado la evolución fonética y, en consecuencia, se encuentran más próximas a su étimo latino. Por ejemplo, la palabra latina fructus de haber seguido la evolución normal de la lengua —al tratarse de una Yod 4ª como hemos visto con lacte— hubiese resultado “frucho”; pero, por causas generalmente desconocidas, la evolución se detuvo en nuestra actual fruto.   
Los cultismos, que es preciso no confundirlos con los latinismos pues son cosas diferentes, son aquellas palabras que se han incorporado a nuestro léxico de forma directa desde el latín, esto es, sin haber sufrido ningún proceso evolutivo. Lo más frecuente es que los cultismos sean introducidos por la ciencia o la literatura. Así, en nuestro Siglo de Oro, autores como Góngora o Quevedo se sirvieron de numerosos cultismos para sus creaciones. Que mejor, entonces, que tomar como ejemplos de cultismos algunos del Polifemo de Góngora:  formidable del latín formidabĭlis, juventud del latín iuventus, afligir del affligere latino u ostentación del latín ostentationis. Como veis, palabras que hoy día nos suenan habituales pero que en su día implicó alguna que otra disputa al ínclito (cultismo) poeta cordobés.

La introducción de los cultismos ha dado en numerosas ocasiones la aparición de lo que se ha denominado dobletes etimológicos, es decir, aquellas palabras latinas de las que se ha derivado una voz de origen popular y otra voz de origen culto. Mejor dicho con palabras de Menéndez Pidal: “un mismo tipo latino produjo una voz en boca del pueblo  y otra en los escritos de los eruditos, la voz popular tiene una significación más concreta y material, mientras la culta la tiene más general, elevada o metafórica”. Como ejemplo de dobletes tenemos: hembra/fémina que proceden ambas del étimo latino femĭna. Así, hembra es la palabra popular, la que siguió todo el proceso evolutivo y fémina el cultismo que se incorporó a posteriori. Esta claro que en este caso el termino culto se ha impuesto en el uso (a través de la derivación) frente al popular. Al contrario sucede con hablar/fabular que proceden del fabulāri latino, hasta el punto que el cultismo fabular está en desuso (no confundir con fabular derivado de fábula).

Los prestamos léxicos puede ser de tres clases:
Extranjerismos, palabras que se introducen en la lengua sin ninguna clase de adaptación. Por ejemplo: coffee shop, airbag o hat-trick. Señalar que los latinismos según la última Ortografía de 2010 de la RAE tienen la consideración de extranjerismos. (No te pierdas esta entrada con los latinismos más usados en español y su correcto uso ortográfico).
Calco semántico, son aquellas palabras que adaptan a la lengua a través de una transcripción literal. Como ejemplo tenemos perrito caliente del inglés hot dog, o el informático ratón del también inglés mouse.
Préstamo morfológico, son las transferencias léxicas, fonológicas, morfológicas, sintácticas, semánticas y pragmáticas que se dan desde una lengua a otra. Por ejemplo, una transferencia léxica sería la introducción de la palabra béisbol del inglés base ball, o la creciente productividad de un afijo como -al (frecuente en inglés) en español en palabras como educacional, ficcional, en detrimento de educativo o ficticio, que serían más usuales en nuestro idioma.

Finalmente, tenemos la formación de palabras, esto es, la creación de palabras a través de los propios procesos internos de la lengua. Estos procesos son la derivación y la composición, sobre los cuales profundizaremos en la próxima entrada.

También deberíamos señalar la creación onomatopéyica de palabras. Es decir, la creación de una palabra por la conversión fonética de un sonido en un significante que imita la realidad extralingüística. No obstante, la productividad de esta forma de crear palabras es ínfima. El últimamente muy usado tictac es un claro ejemplo de este tipo.

El origen de las palabras en español va a derivar de alguna de las formas que hemos visto. De este modo, reconocer ante qué tipo de palabra estamos será el primer paso que tendremos que dar en un análisis morfológico.

 

Bibliografía:

Alvar, Manuel (2015): La formación de palabras en español. Editorial Arco Libros. Madrid.

Lapesa, Rafael (1981): Historia de la lengua española. Editorial Gredos. Madrid.

Real Academia Española/ASALE (2010): Manual de la nueva gramática de la lengua española. Editorial Espasa. Madrid.

Valera, Soledad (2009): Morfología léxica: La formación de palabras. Editorial Gredos. Madrid.

 

 

 

¿Cómo se escribe correctamente haz o has?

Posted by on 18 Feb , 2017 in Ortografía | 0 comments

¿Cómo se escribe correctamente haz o has?

Para saber cómo se escribe correctamente haz o has lo mejor que podemos hacer es conjugar los verbos haber y hacer. En efecto, ambas formas pertenecen a la conjugación de estos verbos1, en consecuencia, las dos son válidas si se usan de manera adecuada. La confusión en la utilización de una u otra forma se produce en su mayor parte entre los hispanohablantes que sesean -que son la gran mayoría-, esto es, aquellos que pronuncian la /c/ y la /z/ como /s/.

De este modo, los hablantes que sesean, cuando pronuncian, no distinguen haz de has, puesto que para ellos suena igual: “has”; de ahí las frecuentes dudas y los consiguientes errores en la escritura de estas formas verbales. Para evitar estas faltas ortográficas -y de sentido- en nuestra escritura, vamos a ver cómo se escribe correctamente has o haz.  

En primer lugar, vamos a distinguir ambos verbos. Así, has corresponde a la segunda persona del singular del presente del verbo haber. (Tengo claro que os la sabéis pero aun así vamos a recordarla):

 

Yo he
Tú has
Él/Ella ha
Nosotros hemos
Vosotros habéis
Ellos han

Por su parte haz corresponde a la voz imperativa, en concreto a la 2ª persona del singular, del verbo hacer (vamos a recordarla también):

Tú haz
Él/Ella haga
Nosotros hagamos
Vosotros haced
Ellos hagan

Así pues, estamos hablando de dos verbos con significados distintos. Para evitar las confusiones lo mejor que podemos hacer es buscar el sentido de la frase. Vamos a poner unos ejemplos:

Has hecho muy bien tu trabajo. (Correcto) —> Haz hecho muy bien tu trabajo. (Incorrecto)
Haz muy bien tu trabajo. (Correcto) —> Has muy bien tu trabajo. (Incorrecto)

Como podemos observar, en la primera frase lo correcto es la forma del verbo haber, que como sabéis es el verbo auxiliar en las formas compuestas, así, siempre que has vaya acompañado de un participio (“hecho” en el ejemplo) va a corresponder al verbo haber y se escribirá con “s”. Igual sucede si forma parte de una perífrasis verbal:

(Tú) Has de venir a mi casa. (Correcto) —> Haz de venir a mi casa. (Incorrecto)

Si aún tenemos alguna duda, podemos variar la persona del verbo:

(Él) Ha de venir a mi casa. (Correcto) —> (Que él) Haga de venir a mi casa. (Incorrecto)

Con los ejemplos de antes:

(Ella) Ha hecho muy bien su trabajo. (Correcto)
(Ella) Ha muy bien tu trabajo. (Incorrecto)

Si al cambiar la persona la frase ya no tiene sentido es que es incorrecta y por tanto lo forma que utilizamos no es válida.

Haz como te digo y ya no te has de equivocar a la hora de escribirlos. Tan solo recuerda que has pertenece al verbo haber, y haz es el imperativo del verbo hacer.

 

1Haz también puede ser un sustantivo con diversos significados: http://dle.rae.es/?id=K3dzdws|K3eK3pe|K3eNwLc

 

Libros y autores que salen en las películas de Jim Jarmusch

Posted by on 9 Feb , 2017 in Recomendado por... | 0 comments

Libros y autores que salen en las películas de Jim Jarmusch

Con nuestra entrada sobre los Libros y autores que salen en las películas de Jim Jarmusch queremos recoger todas las referencias literarias que el director estadounidense recoge en sus creaciones cinematográficas que, como verás, son bastantes y variadas.

Considerado eso que algunos denominan un “director de culto”, para cualquier amante del séptimo arte Jarmusch es, sin duda, un viejo conocido. Tanto por su peculiar forma de concebir la creación de su universo artístico como por la caracterización de sus personajes. De este modo, en sus películas escucharás hablar mezclados diversos idiomas: inglés, francés, italiano, finés, húngaro, o español entre otros; verás unas localizaciones que huyen de la convencionalidad y el esplendor hollywoodiense, pues recrean ambientes que podríamos calificar de poco glamurosos o, incluso, de suburbiales; y, sobre todo, encontrarás unos personajes atípicos que se desenvuelven en un mundo que, como el nuestro, es tan cruel como absurdo, tan hermoso como insoportable…

Pero más allá de otras cuestiones relevantes que podríamos citar sobre sus películas, tales como por ejemplo la importancia de la música, del cine o del arte en general, aquí, como no podía ser de otra manera, nos vamos a centrar en las referencias literarias que maneja el director de Ohio. En efecto, son numerosos los libros y autores que salen en las películas de Jim Jarmusch. Unas veces citados por algún personaje, otras en forma de libro que estos poseen y la cámara —el director— nos muestra; o, en ciertos casos, los personajes toman el nombre y el sentir de un autor o personaje literario. Vamos a ver cuáles son y en qué película los podemos encontrar:

(Voy a seguir el orden cronológico en la filmografía de Jarmusch).

En la primera película que encontramos una referencia literaria es en Down by law -traducida como Bajo el peso de la ley-. En ella, Roberto, el disparatado y entusiasta personaje representado por Roberto Benigni, pregunta a Zack (Tom Waits), uno de sus compañeros de celda—están en la prisión— si le gusta Hojas de Hierba de Walt Whitman y acto seguido se pone a recitar en italiano los versos finales del poema La cantante en la prisión (The singer in the prison) que dicen así:

¡Oh visión de piedad, de vergüenza y dolor!,
«¡Oh pensamiento horrible! ¡Un alma apasionada!»

En otra escena de la película, Roberto pregunta a Zack y Jack (John Lurie) si les gusta Robert Frost y, como en el caso anterior, recita en italiano unos versos. En este caso se trata del final del poema El camino menos transitado (The road not taken):

Dos caminos se bifurcaban en un bosque y yo,
Yo tomé el menos transitado,
Y eso hizo toda la diferencia.

Ni que decir tiene que ambos poemas están íntimamente relacionados con las escenas en las que son recitados y, más aún, con el sentido final —para mí— de la película, esto es, lo azaroso y lo voluntarioso de nuestro destino.

 

Libros y autores que salen en las películas de Jim Jarmusch

Ejemplar del Orlando Furioso de Ariosto en la película Mistery train.

En Mistery train —mi favorita de Jarmusch, y si no lo digo reviento…— podemos ver como uno de los personajes, una italiana llamada Luisa (Nicoletta Braschi), lleva un ejemplar del Orlando furioso de Ariosto. Basta recordar que Cervantes en su Galatea sitúa a Ariosto a la altura de Dante y Petrarca, si es que no lo coloca por encima de estos. Asimismo, son numerosos los estudios críticos sobre las intertextualidades del Orlando furioso en el Quijote. Una obra reflejo de una época y de una forma de hacer literatura que es digna de ser tenida en cuenta. Por mi parte, te recomiendo la traducción del Orlando furioso que hizo el gongorista José María Micó.

 

Dead man es una película que tiene por personaje principal a un contable llamado William Blake (Johnny Depp), que como bien se puede apreciar toma el nombre del célebre poeta y pintor británico. Pero la cosa va más allá, puesto que lo que hace Jarmusch es trasladar algunas de las características de la poesía de Blake, esto es, su narrativa y su simbología ni más ni menos que a un western.

Así, encontramos al personaje de Thel, la chica que fabrica y vende flores de papel, que toma el nombre del poema The book of Thel de William Blake. Y a través del personaje de Nobody se pronuncian casi todas las citas referidas a poesías de William Blake:

(Augurios de la Inocencia)
“Cada Noche y cada Mañana
Algunos nacen para la Miseria.
Cada Noche y cada Mañana
Algunos nacen para la dulce delicia.
Algunos nacen para la dulce delicia,
Algunos nacen para la Noche Interminable.”

(El Matrimonio del Cielo y el Infierno)
“El águila nunca perdió tanto el tiempo como cuando se sometió a aprender del cuervo.”

“Conduce tu carreta y tu arado por sobre los huesos de los muertos”

(El evangelio eterno)
“La Visión de Cristo que vosotros veis
Es de mis Visiones la Mayor Enemiga”

Sin duda, la película cobra mayor significación si se relaciona con la poesía de William Blake y su visión sobre la muerte y la trascendencia espiritual. Aquí solo te indico algunas pistas, pero daría para hablar hasta por los codos.

En Ghost dog (El camino del samurai) se mezcla el mundo neoyorquino de la mafia italiana con el código samurai a través de la figura de Ghost dog (Forest Whitaker), un asesino a sueldo que se rige por las convenciones del Bushido. En consecuencia, las citas y referencias al Hagakure (el camino del samurai) de Tsunetomo Yamamoto son la principal referencia literaria e inspiradora de Ghost dog, pero no las únicas. De este modo, vemos a Louise, la hija del mafioso Ray Vargo, con un ejemplar de Rashomon de Ryūnosuke Akutagawa, un célebre cuento japonés que Kurosawa llevó al cine. También observamos los libros que extrae Pearline, la niña amiga de Ghost dog, de su fiambrera (los libros como alimento…): El viento de los sauces de Kenneth Grahame, un clásico de la literatura infantil inglesa; Las almas del pueblo negro de W. E. B. Du Bois, un ensayo sobre la cultura afroestadounidense; Enfermera de noche un cómic y personaje del universo Marvel; y Frankenstein de Mary Shelly, que no necesita presentación.

Broken Flowers (Flores rotas) recrea en la figura de Don Johnston (Bill Murray) una peculiar vision, por parte de Jarmusch, del mito de don Juan de Tirso de Molina con condena incluida. Igualmente, hace un guiño a otro mito literario, me refiero a la Lolita de Navokov, interpretada en la película —magníficamente desnuda— por Alexis Dziena (Sí, soy un sucio…)

En Only lovers left alive (Solo los amantes sobreviven) Jarmusch nos presenta a dos amantes que además de ser unos puros estetas tienen la suerte o la desgracia de ser vampiros. Eve (Tilda Swinton) y Adam (Tom Hiddleston) unidos por su amor a la música y la literatura se dedican a subsistir de la sangre que compran de hospitales. Adam es un sensible y atormentado compositor de música, mientras que Eve, antes de viajar de Tanger a Detroit, nos deja ver su pasión por los libros al realizar una selección de aquellos que se va a llevar a los USA, así los libros que Eve lee (de una forma que ya quisiéramos algunos) y selecciona son: Don Quijote de la Mancha de Cervantes, La Metamorfosis de Kafka, Pequeños poemas de Ramón de Campoamor (este me sorprendió y agradó mucho verlo en la película), La broma infinita de David Foster Wallace, Madame Bovary de Gustave Flaubert, El pabellón de oro de Yukio Mishima, La bastarda de Estambul de Elif Shafak, Los embajadores de Henry James, Final de Partida de Samuel Beckett, Jean-Michel Basquiat de Dieter Buchhart, Orlando Furioso de Ariosto (que como hemos visto ya lo sacó en Mistery Train) y Los ingleses en el Polo Norte de Julio Verne. Imposible no hacer referencia al amigo vampiro de nuestros amantes, esto es, a Christopher Marlowe (John Hurt), que como bien sabéis fue un dramaturgo contemporáneo de Shakespeare del que se ha dicho que tal vez sea el verdadero autor de las obras de este.

Finalmente, en Paterson, su última película, ya con el título se hace referencia a un libro de poemas de igual nombre del poeta William Carlos Williams. Igualmente, la mayor parte de los poemas que recita el personaje principal, Paterson (Adam Driver), son del poeta estadounidense Ron Padgett. Asimismo, podemos observar algunos de los libros que Paterson tiene sobre su escritorio: Paterson de William Carlos Williams, La broma infinita (que repite) y Hablemos de langostas de David Foster Wallace, On the Great Atlantic Railway de Kenneth Koch, La trilogía de Nueva York de Paul Auster, The Soul of an Octopus de Sy Montgomery, Alone and Not Alone de Ron Padgett, Walden de Thoreau, Kill All Your Darlings de Luc Sante, La llamada de lo salvaje de Jack London, o La caída de Camus, entre algunos otros que no he alcanzado a distinguir (como un libro de Melville) o conocer.

Como podéis ver son numerosos los libros y autores que salen en las películas de Jim Jarmusch, y es que este, antes de dirigir películas, se dedicó a escribir poesía. Ahora en vez de escribirla nos la muestra a través de sus creaciones cinematográficas. Lo que esta claro es que el cine y la literatura son muy buenos amantes, y ya nos has quedado claro que solo los amantes sobreviven. Habrá que amar mucho…

El paseo de Robert Walser por la realidad y la fantasía

Posted by on 31 Ene , 2017 in Lecturas | 0 comments

El paseo de Robert Walser por la realidad y la fantasía

El paseo de Robert Walser es un relato de apenas setenta páginas a través del cual el célebre autor suizo nos invita a caminar junto a él por el intrincado mundo de la realidad y la fantasía. La obra en sí merece la atención de cualquier apasionado (o aficionado) de la literatura, pero cobra mayor énfasis si se tienen en cuenta las circunstancias que rodean la vida de Walser.

Pero, más allá de esbozar una sucinta biografía del escritor suizo —que podéis encontrar en Wikipedia o similares— me voy a centrar en la luctuosa enfermedad mental (al parecer de carácter hereditario) que lo condujo a ser recluido en diversos sanatorios mentales. Nos estamos refiriendo a la década de los años 30 del siglo XX, esto es, las condiciones de aquellos “centros de reclusión” para enfermos mentales dejarían mucho que desear. De este modo, Walser al verse ingresado contra su voluntad en uno de estos sanatorios, para desgracia nuestra —los amantes de la literatura, me refiero— , con cincuenta años dejó de escribir, pero, en cambio, no abandonó su otra gran afición, la de pasear. Así, cada día salía por los contornos del sanatorio a dar un paseo. Muchas veces se le agregaba su amigo Carl Seeling, que lo acompañaba en su caminar. De estos paseos y las conversaciones que entablaban, Seeling dejó constancia en unas notas que se publicarían después bajo el título de Paseos con Robert Walser. La gran mayoría de la crítica ha considerado que se trata de la última obra del escritor suizo, puesto que Seeling se dedicó a transcribir la voz y las ideas de su amigo.

Esta digresión nos sirve para remarcar la importancia que otorgaba Walser al acto de pasear. Así en la obra nos dice en referencia a sí mismo: “Ya se sabe de sobra que pasea tan a gusto como escribe; esto último en todo caso quizá un punto menos a gusto que lo primero”. En la literatura tenemos diversos ejemplos de escritores que buscaban la inspiración en su discurrir por las calles de grandes ciudades o, qué sé yo, entre los senderos de un bosque, pero, en cualquier caso, tuvieron a bien plasmarlo en sus obras. Así a bote pronto —y abusando de la memoria— podría citar Hambre de Knut Hamsum, el Walden de Thoreau o alguno de los relatos de La trilogía de Nueva York de Auster. Sin embargo, El paseo de Robert Walser es más que un paseo a través de las calles y alrededores de una ciudad Suiza de cuyo nombre no es que no quiera acordarme, es que el autor no nos la nombra. Comienza, en cambio, la obra con la declaración expresa del escritor de dar un paseo: “Declaro que una hermosa mañana, ya no sé exactamente a qué hora, como me vino en gana dar un paseo”, y así tras esta voluntariosa afirmación, el lector se siente invitado a acompañar a Walser en su caminar.

 

Como buenos lectores que sois, pronto advertiréis que más allá de las descripciones, tanto de los lugares como de los personajes, que Walser va relatando de lo que va encontrando en su paseo, así como de sus reflexiones al respecto u otros tenores, el autor va construyendo a través del juego literario el mundo que nos va presentando. Dicho de otro modo, Walser en un grandioso juego estilístico va construyendo —o reconfigurado— aquello que puede que haya visto en la realidad a través de las palabras. Y digo puede que haya visto porque en diversos momentos el autor nos deja entrever que realidad o fantasía son una misma cuestión en cuanto a la literatura se refiere.

En efecto, el lector será impelido en numerosas ocasiones por el autor, bien para que le perdone sus indiscreciones, bien para que tenga en cuenta la dificultad y las penurias de su trabajo —el de escribir—, o bien para hacer notar o anticipar alguna cuestión referida al relato en sí. De este modo, conforme avanzas en la lectura tienes la sensación de que Walser se está dirigiendo a ti en persona, lector, para transmitirte sus sensaciones, sus ideas. Sientes como te muestra la forma en la que va construyendo y desgranando los entresijos de su propio relato. Porque El paseo de Robert Walser es eso, un paseo por la creación literaria, una invitación a acompañarlo en la construcción del relato. Así, nos dice: “Quiza un autor nunca haya pensado en el lector, de manera constante, tan tierna y gentilmente como yo”. Desde luego, no se podría hacer de mejor manera…

Palabra a palabra nos va transportando en su paseo por un mundo real, por un mundo imaginado, en el que sientes la magia y el poder de las palabras para configurar espacios, situaciones, personajes, en definitiva, la vida. Porque la literatura no es otra cosa que eso, vida contada. Y Walser bien nos hace ver que sabe de ambas cosas, de la vida y de la escritura. Abundar en el análisis de esta obra sería ocioso, puesto que pocas veces un relato dice tanto en tan pocas palabras. Es por ello que fervientemente te invito a que leas El paseo de Robert Walser.  Son setenta páginas (en la edición de Siruela que he usado, en otras serán menos), sí, leer siempre ha de ser un acto libre y voluntario, pero yo solo te digo que en tu mano está el perderte esta genialidad…

Porque como el mismo nos dice: “Aquello que entendemos y amamos nos entiende y nos ama también. Yo ya no era yo, era otro, y precisamente por eso otra vez yo. A la dulce luz del amor, reconocí o creí deber reconocer que quizá el hombre interior sea el único que en verdad existe”. Y con esto, yo declaro mi amor infinito por los libros. Amen.    

Coleccionario de insultos en español

Posted by on 25 Ene , 2017 in En español, La comunicación interpersonal | 0 comments

Coleccionario de insultos en español

Vaya por delante que este Coleccionario de insultos en español está realizado con afán jocoso divulgativo. Particularmente, y aquellos que me conocen o han tratado creo que así lo podrían atestiguar, no me considero una persona dada a insultar a los demás. No obstante, como errare humano est, en alguna que otra ocasión también he proferido por mi boca sapos y culebras y demás grmpfxf¡sfjña que adornarían la viñeta de algún tebeo de otras épocas para ilustrar a cierto personaje despotricando. Desde luego que desde porloscodos.com no queremos que insultes a ninguna persona, el daño que se hace a través de una ofensa o desprecio no va a compensar el enfado o la rabia que te hayan llevado a decirlo. Siempre será mejor solucionar cualquier conflicto desde la firmeza de exigir respeto y de defender nuestra dignidad mediante el diálogo y la compostura (Si tu afán es insultar para hacer daño a otra persona, háztelo mirar…). Dicho lo cual, no es óbice para que podamos pensarlo o expresarlo en soledad o en amistosa confidencia, puesto que como dice el refranero: “no ofende quien quiere, sino quien puede”.
 
La lengua española nos ofrece una amplia y rica variedad de calificativos, bueno, más bien descalificativos, con los que tildar a una persona de ser tal o cual o Pascual. En cambio, la gran mayoría de los hispanohablantes se limitan a usar los consabidos capullo, idiota, mamón, desgraciado, cabrón, etc., y todas sus variantes en femenino, amén de los insultos dirigidos a las mujeres que tienden a converger en puta (¡Ay! Ya va siendo hora de superar esta palabra para denigrar a una mujer). Es por ello que ha llegado el momento de renovar nuestro repertorio de palabrotas y sustituir los clásicos y gastados improperios por algunas de las palabras que te ofrecemos en nuestro Coleccionario de insultos en español.

Por ejemplo, hoy en día es muy común que el infantilismo abunde entre personas con cierta edad, eso que los psicólogos han dado en denominar síndromes de Simón (soltero, inmaduro, obsesivo y narcisista) y de Laura (liberada, autonóma, universitaria, racionaliza el amor) y que de toda la vida se les ha tachado de inmaduros, tanto a ellos como a ellas. Añadir además que existen “Simonas” y “Lauros” (la igualdad ante todo). Pues bien, el diccionario recoge una palabra que, si bien se aplica a los jóvenes, es perfecta tanto por su definición como por su sonoridad y evocación para estas personas (ejem, a mí no me miren, se me rompió el espejo). Nos referimos a:

Zangolotino,na: Dicho de una persona joven: Aniñada o infantil en su comportamiento y en su mentalidad.

Seguro que conocéis a más de dos zangolotinos,nas…

También es frecuente que haya personas que se excedan en los asuntos del ligue y el flirteo y no sepan distinguir cuando un no es no. Yo entiendo que, por ejemplo, que sé yo, una argentina curtida en cien batallas en el Mar del Plata te pueda soltar un algo así tipo: “Che, pibe, por qué no te largás a rondar la concha de tu madre a ver si te vuelve a dejar entrar y renacés menos pelotudo”, pero más allá de expresiones ganadas o no a pulso, tenemos palabras que nos ayudan a calificar estos comportamientos:

Para los muy salidos -la segunda acepción-.

Rijoso,sa: 1. adj. Pronto, dispuesto para reñir o contender.

2. adj. Inquieto y alborotado ante la presencia de una hembra. Caballo rijoso.

3. adj. Lujurioso, sensual.

Para los muy pesados y empalagosos

Untuoso,sa: 1. adj. Graso y pegajoso.

2. adj. despect. De una dulzura y amabilidad excesivas en el modo de hablar y comportarse, hasta el punto de resultar falso y empalagoso. Sus modales untuosos no despertaban simpatías.

Para el pagafantas…

Chichisbeo: 1. m. Galanteo, obsequio y servicio cortesano asiduo de un hombre a una dama.
2. m. Hombre que practica el chichisbeo.

3. m. coquetería (‖ acción de coquetear).

Para el/la caradura que acaba por ligarnos

Bergante,ta: 1. m. y f. Persona pícara o sinvergüenza.

Claro, que en ese caso habrá quien nos tache de

Casquivano, na: 1. adj. coloq. alegre de cascos. U. t. c. s.

2. adj. coloq. Dicho de una persona, especialmente de una mujer: Que no tiene formalidad en sus relaciones sexuales.

O de ser (en su tercera acepción):

Perdularios, as: 1. adj. Que pierde las cosas frecuentemente. U. t. c. s.

2. adj. Sumamente descuidado en sus intereses o en su persona. U. t. c. s.

3. adj. Vicioso incorregible. U. t. c. s.

¿Sabías qué...?

Existen diversos libros y diccionarios que recogen miles de palabras insultantes y descalificativas en español. Entre ellos cabe destacar El diccionario secreto, esto es, la obra inconclusa de Camilo José Cela con la que se propusó analizar el rico caudal de insultos en español. Otras obras son: Para insultar con propiedad. Diccionario de insultos de Algarabia; El gran libro de los insultos de Pancracio Celdrán Gomáriz o la Guía ilustrada de insultos de Teresa Baró Catafau.


Pero vamos, cada cual que con su alegría, sus cascos y su sexualidad haga aquello que su moral le dicte, no hagamos caso de aquellos que son:

Gazmoños/as: adj. Que afecta devoción, escrúpulos y virtudes que no tiene

y mucho menos de los

Embeleco: 1. m. Embuste, engaño.

2. m. coloq. Persona o cosa fútil, molesta o enfadosa.

Puesto que siempre nos quedará el recurso de decirles que son unos:

Coprófagos/as: 1. adj. Psiquiatr. Que ingiere excrementos. U. t. c. s.

Así que ya sabéis, mis queridos y amadas, nada como ampliar el vocabulario pendejo para que ningún metiche pinche güey chinga tu madre (órale, una de “tacos” mexicanos) nos asaetee con sus memeces. Aprovecha para ampliar tu registro de descalificativos si es que no las conocías y, sobre todo, dale un buen uso a este Coleccionario de insultos en español y no ofendas a nadie.

Sí, ya sé que la palabra coleccionario no está recogida en ningún diccionario. También sé que es una burda conjunción de colección y diccionario, pero alguna neurona ociosa hizo chispas en mi cerebro y me gustó tanto cuando la pronuncié que no he podido resistirme a usarla.
  

Los latinismos más utilizados en español y su correcto uso ortográfico

Posted by on 19 Ene , 2017 in En español, Ortografía | 0 comments

Los latinismos más utilizados en español y su correcto uso ortográfico

Con esta entrada vamos a señalar algunos de los latinismos más utilizados en español así como la forma de utilizarlos correctamente. En primer lugar, no está de más decir qué son, esto es,  los latinismos son aquellas palabras o expresiones que procedentes del latín utilizamos en español. Es decir, estamos introduciendo en un texto o discurso en nuestro idioma una palabra perteneciente a otra lengua. Es por ello que en la última Ortografía de la RAE, la de 2010, se han considerado los latinismos como extranjerismos.

No es óbice recordar que la mayor parte de las palabras del español proceden del latín. En efecto, esta cifra alcanza entorno al 70% del léxico, y podría aumentar hasta el 75% del total, si tenemos en cuenta los prestamos de otras lenguas romances o no como pudieran ser el francés, el gallego o el catalán, por citar algunas. De ahí que el empleo de los latinismos puros haya sido aceptado durante tantos años como propio e inherente a nuestro idioma hasta la citada Ortografía de 2010.

El uso de latinismos en un texto o una conversación, bien empleados, pueden ayudar a enriquecer nuestro discurso. Ahora bien, el abuso de estos o su utilización en contextos inapropiados va a conseguir el efecto contrario, es decir, que se nos tilde de pedantes o de utilizar latinajos a troche y moche. Como desde porloscodos.com no queremos que nadie os ponga tacha en el empleo de estas expresiones, hemos recopilado algunos de los latinismos más usuales para que os animéis a utilizarlos sin precipitaros en el error.

Lo primero es la adecuación al contexto, en consecuencia, vamos a priorizar su uso en escritos, exposiciones y trabajos académicos, en entornos de trabajo relacionados con la judicatura o la administración y en ambientes donde el nivel de la conversación sea proclive a estos. En cambio, no aconsejaría utilizarlos en las relaciones comerciales, en eventos amistosos e informales o en la cotidianidad de nuestros quehaceres. En cualquier caso, estoy convencido de que sabréis adaptar su uso a la situación comunicativa en la que os encontréis inmersos en cada momento.

De similar importancia es la corrección a la hora de escribirlos. El hecho de que la Ortografía de 2010 los considere extranjerismos nos obliga a escribirlos en cursiva, si el texto está escrito mecánicamente, o entre comillas, si lo hacemos de forma manual. Asimismo, os recuerdo que las palabras extranjeras no se acentúan en español y, por tanto, los latinismos que empleemos tampoco llevarán tilde. Dicho todo esto vamos a tratar señalar los latinismos más utilizados que os podáis encontrar. ¡Vamos a ello!  

 

Curriculum vitae: es uno de los latinismos más empleados (valga la ironía). Por ejemplo:  “Adjunto le remito mi curriculum vitae para atender a su oferta de empleo bla, bla, bla”. Como podéis ver, lo escribo en cursiva y sin acentuar, por mucho que lo pronunciemos como una palabra esdrújula. También es incorrecto utilizar *curriculums como plural de curriculum, puesto que su plural en latín es curricula.

Si nos queremos evitar complicaciones es conveniente utilizar la palabra currículo, que al ser propia del español sí va acentuada y hace el plural en currículos. (A saber cuántos habremos enviado por ahí a conocer mundo sabiendo que no iban a regresar ni tan siquiera a dar señales de vida…)

 

Pro domo sua: es una expresión que literalmente significa “por su casa”, esto es, por sus intereses, en defensa de su propio beneficio. Como señala el DRAE es el título del discurso que, a la vuelta del destierro, pronunció Cicerón contra Clodio, que había hecho que le confiscasen sus bienes. De este modo, la vamos a utilizar cuando queramos recalcar que alguien ha realizado una acción por su propio interés.

Ejemplo: Lope de Vega pronunció, pro domo sua, el discurso sobre el Arte nuevo de hacer comedias en nuestro tiempo ante los académicos de Madrid.

 

 
Sic: seguramente os habréis topado con esta palabra en algún texto, por lo general escrita entre corchetes o paréntesis. Significa “así” y se emplea para dar a entender que una palabra o frase transcrita en un texto, y que pudiera parecer inexacta, es textual. Lo que viene a ser una advertencia al lector en plan “esto que ves copiado así (sic) está transcrito tal cual de quien lo dijo, ¡eh!, que yo no me estoy inventando nada…”

Ejemplo: El actor Willy Toledo respondió con un “ te cagas en nuestros muertos, yo me cago en los tuyos” (sic) a la alcaldesa de Madrid.

 

Ad hoc: literalmente quiere decir “para esto”. Se utiliza para referirse a lo que se dice o hace solo para un determinado fin.

Por ejemplo: “Tras la difusión de las Soledades de Góngora, las críticas a su poesía fueron numerosos. Jáuregui escribió, ad hoc, su célebre Antídoto contra la pestilente poesía de las Soledades (sic)”. Es decir, que Jáuregui escribió expresamente ese libro para eso, para criticar a Góngora y su poesía. Como veis también encaja a la perfección un “sic”, porque hay que ver cómo se las gastaban los escritores del barroco en el XVII.

 

Motu proprio: sí, es “proprio” no propio. Sirve para expresar que realizamos una acción libre y voluntariamente, por iniciativa propia. Es erróneo utilizarlo con la preposición “de” delante. Así pues, será incorrecto decir “Recorrió quinientos kilometros *de motu proprio para hacernos una visita de unas horas”. Lo adecuado es “Recorrió quinientos kilometros motu proprio para hacernos una visita de unas horas”.

 

Sensu stricto: esta expresión creo que se entiende sin mayor dificultad. En efecto, significa “en sentido estricto”; por lo tanto, se emplea cuando queremos remarcar el rigor de un hecho o una afirmación. Como puede ser en “Si hacemos una interpretación sensu stricto del reglamento, María es la ganadora”. Sensu lato es lo contrario de sensu stricto, esto es, quiere decir “en sentido amplio”, pero es una expresión poco conocida más allá del ámbito del derecho.

 

Grosso modo: es otro de los latinismos que vamos a leer o escuchar con frecuencia. También será común que nos lo encontremos mal empleado, puesto que es habitual que a la hora de utilizarlo haya quien le añada la preposición “a” delante. Su uso correcto es sin preposición como en “La conferencia fue un éxito, grosso modo, asistieron unas doscientas cincuenta personas”. Significa aproximadamente, más o menos.

 

Hay bastantes más, pero creo que estos son los latinismos más utilizados en español. Os animo a que los uséis y que esta entrada os ayude a hacerlo de forma correcta. En cualquier caso, no temáis si os equivocáis al emplearlos, puesto que errare humano est

La semántica de la culpa frente a la responsabilidad

Posted by on 10 Ene , 2017 in La comunicación interpersonal | 3 comments

La semántica de la culpa frente a la responsabilidad

Con la semántica de la culpa frente a la responsabilidad pretendo realizar una reflexión acerca del uso y abuso de palabras (y actitudes) que, tal vez, confieren una aproximación equivocada a la manera de subjetivizar ciertos aspectos de nuestra comunicación e interacción interpersonal. Si tenemos en consideración que es a través del lenguaje como procedemos, en su mayor parte, a ordenar y categorizar la realidad que nos rodea, el hecho de utilizar unas u otras palabras puede resultar determinante en la significación y la intencionalidad últimas de una conversación.

Pero, en numerosas ocasiones, repetimos patrones conversacionales aprendidos. Dicho de otro modo, con frecuencia utilizamos palabras que a fuerza de escucharlas en familiares o amistades —o quien fuere— hemos asimilado como propias a la hora de expresarnos. Digamos que es normal que esto suceda así, todos estamos sujetos al quiénes somos y al de dónde venimos o dónde estamos. También debería de ser normal que nos planteáramos y reflexionáramos acerca de nuestra forma de comunicarnos con los demás y las palabras que utilizamos para ello, esto es, el adónde vamos (sí, lo sé, me ha quedado muy canción de Siniestro Total…) Por contra, esta última parte la solemos obviar y tal y como decía José Saramago: «las palabras no son ni inocentes ni impunes, por eso hay que tener muchísimo cuidado con ellas, porque si no las respetamos, no nos respetamos a nosotros mismos».

En efecto, las palabras que empleamos dicen mucho de nosotros, de lo que somos y de cómo nos relacionamos. Igualmente, somos conscientes de que una de las propiedades del lenguaje es la prevaricación —la mentira, vamos—, de ahí que además de las palabras, sean fundamentales las actitudes, los gestos y, sobre todo, los hechos. El haber titulado la semántica de la culpa a esta entrada tiene su motivación en la frecuencia con la cual tendemos a sentirnos mal o hacer sentir mal a otra persona a cuenta de la culpabilidad. ¿Quién de nosotros no se ha sentido culpable por una acción u omisión, o quién no ha culpabilizado a otra persona de esto o lo otro?  

Ahora bien, ¿qué es la culpa? Si acudimos al depositario de las acepciones semánticas  (estoy que lo peto), o sea, al diccionario, nos encontramos con las siguientes entradas:

culpa

Del lat. culpa. 1. f. Imputación a alguien de una determinada acción como consecuencia de su conducta. Tú tienes la culpa de lo sucedido.

2. f. Hecho de ser causante de algo. La cosecha se arruinó por culpa de la lluvia.

3. f. Der. Omisión de la diligencia exigible a alguien, que implica que el hecho injusto o dañoso resultante motive su responsabilidad civil o penal.

4. f. Psicol. Acción u omisión que provoca un sentimiento de responsabilidad por un daño causado.

culpa teológica 1. f. Rel. Pecado o transgresión voluntaria de la ley de Dios.

Como podemos observar, encontramos cuatro acepciones y una relación referida a lo teológico. Vamos a considerar la segunda entrada como la culpa relativa a fenómenos ajenos a las personas, en consecuencia, la obviaremos puesto que en una frase del tipo “la puerta se oxidó por culpa de la humedad” no existe ninguna implicación interpersonal en su enunciado.

En cambio, las otras tres acepciones y la culpa teológica están intrínsecamente ligadas entre sí y la comunicación interpersonal. Me explico, a priori, los significados uno y cuatro no deberían de implicar una consideración lesiva para con la persona a quien se señala como culpable de un hecho, ya sea otra persona o nosotros mismos. Por ejemplo, si digo “El jarrón se ha roto por culpa de Laura” (acepción 1), estoy señalando a esta como la causante de la rotura del jarrón. Más allá de la veracidad o no de la expresión, si la interpretamos como un hecho objetivo en el sentido de que Laura está relacionada con el rompimiento del objeto en cuestión, la frase tendría la misma significación que si decimos “Laura ha roto el jarrón”.

Ahora bien, “la carga semántica” que a la palabra culpa le confieren los significados del ámbito jurídico (acepción 3) y religioso hace que, en la intencionalidad e interpretación en el uso de esta palabra en cualquiera de sus acepciones, se traslade el sentido punitivo que estos últimos poseen. Así es, puesto que desde un punto de vista jurídico la culpa va asociada a un juicio y una ulterior sentencia condenatoria o absolutoria. Por su parte, en la concepción religiosa de la culpa, esta va ligada al pecado y su también consiguiente juicio condenatorio o absolutorio. En ambos casos el hecho causante de la culpa es tratado como una cuestión meritoria de juicio que repercute en un castigo o una absolución. Con un esquema simplificado lo vamos a ver más claro:

Esquema sobre la semántica de la culpa frente a la responsabilidad

Esquema sobre la semántica de la culpa frente a la responsabilidad

 

Como es obvio, aquí no pretendemos entrar en cuestiones jurídicas ni religiosas. La ley tiene sus procesos y la religión sus doctores. A nosotros lo que nos interesa es la extrapolación de este esquema al uso de de la palabra culpa en la comunicación interpersonal. De este modo, si retomamos el ejemplo de “El jarrón se ha roto por culpa de Laura”, lo que se infiere de dicha aseveración es una acusación de que Laura ha roto el jarrón y, por tanto, alguien (un juez) ha de dictaminar una sentencia, esto es, castigar o perdonar a Laura por haber roto el jarrón. Asimismo, implica que Laura pueda sentir que el acto que ha desencadenado la rotura del jarrón la conmine a sentirse culpable por lo que ha causado.

Así, la culpa opera en dos direcciones: una externa, con la sentencia de alguien a quien le otorgamos la autoridad de juzgarnos; y una interna, con el sentimiento de culpa que podemos experimentar por la repercusión del acto. Por consiguiente, de un hecho que en principio debería de ser objetivo e inocuo (Laura ha roto el jarrón), pasamos a través de la culpa (Laura es culpable de la rotura del jarrón) a un hecho que desencadena un doble proceso sentenciador  —interno/externo— que desembocará en un castigo o un perdón.

Otro de los procesos que puede operar en esta asociación es la delegación de la propia responsabilidad en otra persona, la que nos juzga; en el sentido de que si “yo” dependo del juicio de otra persona para saber si lo que he hecho es correcto o ético o moral o lo que corresponda a cada caso (insisto, hablamos de relaciones interpersonales no de culpas jurídicas o teológicas), estoy asumiendo que no soy el responsable último de mis acciones, pues estas dependen del veredicto de quien las juzga, así que si esta persona considera que lo que hago es, en términos maniqueos, o bueno o malo da igual cual haya sido mi acto, puesto que su repercusión es calificada por otro, lo que a mí me exime de responsabilidad. Si castigamos sin más a Laura por romper el jarrón, puede que esta entienda que el acto de romper un objeto va a ser motivo de castigo, pero ello no implica que Laura haya comprendido que el hecho de haber roto el jarrón haya supuesto un posible perjuicio económico o emocional o del tipo que sea al dueño del jarrón. Así que es factible que en otra ocasión, Laura, todo lo más, se guarde de ser pillada rompiendo los enanos del jardín del vecino para evitar ser castigada.

Entonces, ¿cómo podemos hacer para evitar las connotaciones de la culpa?

Esta claro que la realidad siempre es mucho más compleja que cualquier ejemplo que podamos poner aquí, más aún si hablamos de cuestiones abstractas como pueden ser la felicidad, el amor, la prosperidad, etc. Decir que una persona es culpable de que no seamos felices es, sin lugar a dudas, demasiado decir. Con una afirmación así, estamos dando a otra persona el poder absoluto sobre nuestra felicidad, y no, no hay nadie tan poderoso. Vivimos en sociedad y, en consecuencia, estamos insertos en un universo de relaciones que va a configurar qué somos y qué imagen damos y tienen los demás de nosotros. Esta imagen se podría representar con la figura de un prisma, es decir, hay tantas perspectivas de mí como personas con las que me relaciono. La coherencia de mi “yo” estará relacionado con la cantidad y la calidad de la retroalimentación que reciba de los otros.

Por tanto, en toda comunicación e interacción social existe un sujeto “yo” y un sujeto “otro”. Como hemos visto, semánticamente es posible asociar la culpa a la otredad, y de la derivación —factible o hipotética— de esta podemos incurrir en el sentimiento interno de culpa. Para evitar, dentro de lo razonable, estas connotaciones de la culpa es preciso revertir el proceso externo por el cual otorgamos a los otros la capacidad de juzgar nuestros actos desde el punto de vista social. Para ello, tenemos que apelar a la responsabilidad frente a la semántica de la culpa. En efecto, si yo asumo mi responsabilidad en la concreción de mis actos, estoy materializando un proceso interno a través del cual me convierto en el dueño de mis actos y, por tanto, me arrogo las consecuencias que se pueda derivar de ellos. De este modo, en la mayoría de los casos, con este gesto estamos evitando que el control de nuestras acciones recaiga sobre otros y, en consecuencia, voy a ser yo quien module mis actos y aprenda de las derivaciones que de ellos se puedan dar. Con ello estamos sustituyendo en anterior esquema por este otro:

Esquema sobre la responsabilidad frente a la culpa

Esquema sobre la responsabilidad frente a la culpa

Como podemos ver, hemos pasado de la falta/pecado al error o al acto deliberado (si hemos hecho una acción de forma consciente). Asimismo, abandonamos la culpa para hacernos cargo de la responsabilidad de nuestros actos, lo que nos permite mantener en control de lo que hacemos, pero con ello, la derivación que se pueda repercutir de lo que he hecho recae sobre mi persona, esto es, asumo las consecuencias de lo que hago; ya no dependo del castigo de nadie, pero sí de las reacciones que mis actos puedan reportarme. Ante esto, me queda aprender de las consecuencias que tienen mis actos y también apelar al perdón del otro.

Espero que La semántica de la culpa frente a la responsabilidad pueda ayudarnos (a mí, que tanto he errado, el primero) a entender la diferencia entre la culpa y la responsabilidad, también a tener en cuenta lo que decía Saramago de que las palabras no son inocentes. No olvidemos que todos nos equivocamos, no hay nadie que no haya cometido, cometa y vaya a cometer errores en su vida porque ¡errare humanum est! Pero si equivocarse es cosa humana, también lo es el perdón, perdonar es el acto más humano y generoso que podemos realizar. Puro amor. Ama, ama, ama y ensancha el alma, que cantaba aquel…

 

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